viernes, 24 de enero de 2020

La realidad múltiple


François Jullien en su libro, Un sabio no tiene ideas, nos explica que el sabio chino no tiene ideas porque enfrentarse al mundo con una idea previa supone oscurecer todo lo que no refuerce esa idea. Como si la idea fuese un foco que oculta más que muestra, pues deja en la oscuridad todo lo que queda fuera de su haz luminoso. 
Tampoco le tiene que preocupar la verdad,  sino la congruencia: el funcionamiento de las cosas, el proceso de las existencias   y  lo mejor para la vida.
La persona mediadora, como  “ El hombre de bien” de la sabiduría china,  no toma partido por nada, carece de prejuicios y su primer mérito es la no-parcialidad, que no significa imparcialidad o que no tome partido, sino que tomará el partido adecuado a cada situación. Al buscar el punto medio como virtud,  se integran todas las posibilidades, todos los ángulos.
Cuando leí por primera vez el relato del sueño de Zhuangzi, me pareció fascinante: “Una noche Zhuang  Zhou soñó que era una mariposa: una mariposa que revoloteaba, que iba de un lugar a otro contenta consigo misma, ignorante por completo de ser Zhou. Despertose a deshora y vio, asombrada, que era Zhou. Más, ¿Zhou había soñado que era una mariposa? ¿O era una mariposa la que estaba ahora soñando que era Zhou?”
Me servía también de consuelo, pues cuando el “cómo son las cosas” te viene impuesto desde la lógica de los adultos, aquel antiguo relato me permitía entrever un espacio de libertad, una realidad múltiple que se desplegaba como un juego.
Tan difícil como diferenciar la vigía del sueño en el relato de Zhuangzi es analizar las relaciones humanas y sus conflictos. Si hay dos personas implicadas, tendremos como mínimo dos puntos de vista, dos maneras de enfocar el problema o de pensar la realidad. Mejor no intentemos descubrir quién de los dos está soñando y dejemos que nos cuenten el sueño que han compartido.
El sueño nos sirve como metáfora del conflicto. Cuando intentamos recordar un sueño,  siempre nos encontramos con la dificultad de saber que hay detalles que se nos escapan, no solo porque no los recordemos exactamente, sino también por no entender del todo su significado.  El relato de un sueño  es una representación, supone un distanciamiento  sobre lo que, estando dormidos, hemos creído vivir.  Aunque a veces no podamos recordar con exactitud lo sucedido, sí que suele permanecer la huella de las emociones experimentadas.
Cuando nos enfadamos con alguien, cuando nos peleamos o discutimos, también sabemos que nuestro modo de verlo es un modo parcial, pero es “el nuestro”. No podemos dejar de ser Zhou o dejar de ser mariposa, tampoco lo queremos.  Basta que admitamos al otro para que se abra el campo de las posibilidades.
Carmen Chisvert.




Photo by Benigno Hoyuela on Unsplash
   Bibliografía:        François Jullien (2001). Un sabio no tiene ideas. Madrid. Siruela.
                               Zhuang Zi (1996). Libro II. Barcelona, Kairós.

domingo, 19 de enero de 2020

Un mundo sin violencia





Podemos estar viviendo en  la era más pacífica de nuestra especie, afirma S. Pinker. Otros señalan que los niveles de riqueza, desarrollo y democracia, van en aumento. La expectativa de vida global se sitúa en torno a los 70 años cuando no era de más de 38 a principios del siglo XX. Pero la percepción general que tenemos no es la de que el mundo vaya a mejor. Al contrario, la violencia parece extenderse como una epidemia por todos los ámbitos que hasta hace poco considerábamos seguros: violencia familiar, escolar, laboral... Las guerras nos quedan lejos, es cierto, pero sus damnificados llegan todos los días a nuestras costas.

La frustración y el dolor que genera la violencia, oscurece nuestro horizonte de futuro. Chantal Maillard reflexiona sobre este tema en su libro, ¿Es posible un mundo sin violencia?, preguntándose de partida,  sobre la dificultad de herir nuestras sensibilidades. 
Nuestra indiferencia se explica por la otredad y por la distancia. Siempre es a los “otros”, los desemejantes,  a los que les pasan cosas. Por eso podemos seguir haciendo nuestra vida como si nada.  Descontextualizada, la violencia se convierte en espectáculo y como espectadores, nuestras emociones ya no serán primarias sino estéticas y manipuladas.

Chantal Maillard lanza algunas propuestas: ampliemos el marco de percepción; démonos cuenta de que todo está conectado;  disminuyamos “el ansia”, dejemos de desear y cambiemos el sistema de valores; modifiquemos también nuestro modelo de racionalidad, de un si
stema jerárquico a un sistema interconectado en el que el respeto se obtiene solo por ser.
Hay una metáfora que utiliza para explicar su propuesta de cambio de paradigma: Pasemos del árbol de Porfirio que estructura el saber de modo jerárquico, al gran baniano del Jardín Botánico de Calcuta que crece en horizontal con raíces aéreas que son rama y tronco a la vez y se extiende sobre una superficie de unos 12000 metros.

Pasemos, nos dice, “De la moral de la reciprocidad a la moral de la compasión”.  
Sus ideas  no nos tranquilizan para que sigamos consumiendo mientras nos sentimos mejores personas o más listas. No establece un programa para cambiar el mundo. Pero pueden ser un buen antídoto contra la esclerosis de nuestra sensibilidad.

                Todos los derechos reservados: