miércoles, 29 de julio de 2020

El UMBRAL. Byung-Chul Han



EL UMBRAL

El umbral separa el espacio sagrado del que no lo es. Nos indica que más allá está el misterio, lo desconocido. Es así en todas las religiones.
La sociedad actual nos coacciona para la transparencia. La transparencia tiene como objetivo la eliminación de lo otro, pues desaparece toda oscuridad o misterio. Si somos transparentes, si eliminamos "toda forma de negatividad", todos somos iguales. 
El exigirnos transparencia es un modo de violencia, dice Byung-Chul Han. El imperativo de la transparencia elimina la distancia, la discreción, es decir, la puerta. Obliga a la continua exposición y hace de cada sujeto "un objeto publicitario".  
Las redes sociales funcionarían como un panóptico electrónico que fomenta nuestra tendencia al exhibicionismo y voyeurismo.
La sociedad del control se colma cuando son los mismos individuos los que se autoexponen, a cambio del "megusteo", se convierten en objetos publicitarios. 
Abro twitter. Una de las personas que sigo escribe un post en el que dice que a su mujer le acaban de diagnosticar un cáncer. Me quedó atónita. Recibe de inmediato miles de respuestas. 
Otro, cuenta que está muy deprimido y que va a tomar medicación. Otro, cuenta cómo ha sido su último encuentro sexual. Otro, escribe lo que le acaba de responder su hijo pequeño... ¿Lo contamos todo en las redes? 
Para Han, la comunicación sin escenografía se convierte en pornografía. El autor aduce que la narración necesita de un escenario, un tiempo y un espacio; que al tener una estructura está siempre abierta a la reorganización y la reescritura. La narración sería lo opuesto a la adición. Lo que vertemos en las redes sería un cúmulo de datos, fotografías, informaciones que se sumarían para cumplir con la invocación al exhibicionismo. 
Por otra parte, Bruno Patino, en su ensayo La civilización de la memoria de pez. Pequeño tratado sobre el mercado de la atención, denuncia cómo se manipula nuestra falta de atención para que acabemos viendo en el móvil solo aquello que nos emociona o hace reaccionar, por ejemplo, compartiéndolo. El objetivo: manipular nuestra atención para crear dependencia de los servicios digitales y colarnos la publicidad. Ambos coinciden en que el fin último es económico. De manera que, si bien internet sigue siendo una ventana al mundo, el paisaje al que accedemos está cada vez más dirigido, restringido, y mercantilizado. LLega un momento en el que ya no podemos distinguir qué es la realidad, qué se está vendiendo y quién lo vende. 


Bibliografía:  Byung-Chul, H. (2016), Topología de la violencia, Barcelona, Editorial Herder.

sábado, 13 de junio de 2020

Estudios sobre el origen de la violencia. Leyendo a Rita Laura Segato (II)


Segato nos hablaba de dos ejes cuya tensión conforma las relaciones sociales. En ambos ejes, la posición o estatus va acompañada de determinados signos diferenciadores. Pero no basta obtener los signos para cambiar de estatus. No por tener una marca de coche determinada o un iphone o vivir en determinada zona puedo asegurarme que cambio de estatus. Los índices son importantes, aunque no suficientes. Entre los hombres, un índice de estatus es la mujer con la que se emparejan, más joven y bella cuanto más rico y poderoso. Ahora bien,  si el individuo pobre y  marginal que vive en las afueras se empareja con su vecina, veinte años más joven, dudo mucho que su estatus mejore significativamente.
Los signos no bastan, ya los sabemos. Pero para estar arriba, hay que tener a alguien debajo. Este es indicio seguro. Por eso parece ser que cuanto menos poder social, más importancia tienen los signos de masculinidad, más “machito”, vaya, hay que mostrarse. Por muy pobre que seas siempre podrás dominar, estar por encima de una mujer.
La violencia física es un problema gravísimo que sufren muchas mujeres en todo el mundo, pero ahora vamos a hablar de otro tipo de violencia: la  violencia psicológica o como prefiere Segato, moral. La violencia moral podemos encontrarla en cualquier familia como lo más normalizado. Esta violencia se ejerce sobre la mujer desde la infancia y es difícil de identificar precisamente por eso, porque está muy normalizada. Hay que hablar de ella y ponerle nombre ya que es una de las causas que explican que la mujer acepte esa posición subordinada al hombre dentro de su grupo social. Es una violencia sutil que muchas veces aparece bajo el disfraz de la protección y que poco a poco, día a día, va disminuyendo la confianza de la mujer en sí misma y haciéndola sentir un ser de segunda categoría.  Ejemplos corrientes de este tipo de violencia son:
-Control económico. Cuando la mujer no es dueña del dinero que necesita, incluso a veces ni del dinero que ella misma obtiene.
-Control social. Cuando se controlan sus relaciones, se le prohíben o dificultan aquellas relaciones que se consideran poco convenientes.
-Control sobre la movilidad. La mujer no puede salir de casa libremente, tiene que hacerlo acompañada. O no puede ir por determinados sitios, o no puede viajar sola, etc.
- Menosprecio moral. Se le acusa de no ser una persona fiable, se hace recaer sobre ella la sospecha…
-Menosprecio estético. Se desprecia el cuerpo de la mujer, que se suele fragmentar buscándole faltas o errores.
-Menosprecio sexual. Aquí a la mujer la pillan siempre: si manifiesta deseo, es calentorra, puta; si no lo manifiesta, es frígida, mojigata.
-Descalificación intelectual. Hacerla creer que es menos inteligente, que ya están ellos para pensar, explicarle las cosas. Orientarla hacia estudios “de chicas”.
-Descalificación profesional. Que en la misma profesión, sea considerada menos profesional que sus compañeros varones.
Es importante ser conscientes de este tipo de maltrato y desactivarlo, por muy enraizado en las costumbres que esté o por muy interiorizado que lo tengamos.  Evitarlo es clave para prevenir la violencia de género. Como dice Segato: “Cuando la crueldad es física, no  puede prescindir del correlato moral: sin desmoralización no hay subordinación posible.” (p.122)



Bibliografía: Segato, Rita Laura (2003), Las estructuras elementales de la violencia, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes.

La guerra. Triste guerra

W. es un niño inteligente, tímido, que sabe de programación y habla tres idiomas. W. es el niño más triste que he conocido. Lo he visto sonr...